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Ejercicio + dieta sana - tabaco, la fórmula más eficaz

Unos hábitos de vida saludables son el principal sostén de la cultura de la salud.

Seguir unos buenos hábitos puede ayudarnos a reducir el riesgo de padecer graves enfermedades. Y no lo decimos solo nosotros: cada vez son más los estudios y publicaciones que defienden esta hipótesis. En nuestro repaso diario a la actualidad sanitaria hemos detectado esta mañana un gran número de noticias que se centran, precisamente, en esta estrecha relación entre los hábitos de vida y la salud. Tal vez la que más nos ha sorprendido hace referencia a un estudio según el cual la calidad del esperma de los hombres cuya dieta es rica en cereales, frutas y verduras es mejor que la de aquellos que abusan de las carnes rojas o el café. Lo han comprobando analizando a 250 hombres que, junto a sus parejas, se estaban sometiendo a un tratamiento de fertilidad: la tasa de éxito fue mayor entre los varones que se alimentaban de una forma más saludable.

No solo es importante lo que se come, sino también cómo se come, porque en esto de la alimentación el dicho “menos es más” no siempre se cumple. Por ejemplo, los norteamericanos con unos kilos de más comen con menos frecuencia que las personas que mantienen un peso correcto, tal y como sostiene un reciente informe. Otra evidencia más de la importancia de respetar las cinco comidas al día.

Si a una buena alimentación le añadimos un estilo de vida activo obtenemos el cóctel perfecto para nuestra salud. Unos hábitos sanos para el corazón también podrían protegernos del cáncer, reduciendo en un 38% el riesgo de padecer esta enfermedad, según una investigación respaldada por la American Heart Association (AHA). “Si damos a los pacientes este mensaje doble, en un mundo perfecto podríamos estar previniendo dos de las principales causas de muerte“, ha asegurado la Dra. Tara Narula, cardióloga del Hospital Lenox Hill de Nueva York. Un mensaje al que habría que sumarle otra recomendación: deja de fumar si aún no lo has hecho. Las cifras presentadas por el Grupo Español del Cáncer de Pulmón son muy preocupantes: si lo comparamos con los datos de 2006, este tipo de tumor crecerá un 50% entre las mujeres en 2012.

Afortunadamente, para mejorar nuestros hábitos siempre estamos a tiempo: se ha comprobado que los niños con sobrepeso que adelgazan cuando son adultos no corren más riesgo de sufrir diabetes, hipertensión o problemas de corazón que las personas que siempre han sido delgadas.

Mejorar nuestra forma de vivir es, sin duda, la mejor inversión de futuro. Y podemos conseguirlo con simples gestos como elegir fruta en vez de pastel a la hora del postre o caminar un poco más cada día.

Manzana¿Quien no ha intentado alguna vez perder esos “kilillos” de más? ¿Y quien, tarde o temprano, no los ha vuelto a recuperar? Precisamente en este punto se centra una investigación australiana publicada en International Journal of Obesity, cuya principal conclusión ha despertado nuestro interés: tras adelgazar una media de cinco kilos el peso se vuelve a recuperar en menos de seis años.

¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo podemos hacer que este logro no tenga fecha de caducidad? Para los responsables de la investigación, y también para nosotros, uno de los principales factores que provocan que se vuelva a engordar es el enfoque de muchas dietas de adelgazamiento.

Perder peso es importante, sí, pero aún lo es mucho más mejorar nuestro estilo de vida, nuestra relación con la comida y con el ejercicio físico. Cambiar nuestros hábitos debe ser el objetivo principal, y esto seguramente nos llevará a una pérdida de peso. Pero que esta relación se dé a la inversa no suele ser tan frecuente, tal y como afirma uno de los responsables de la investigación en Reuters Health. “Las intervenciones que tratan de cambiar la conducta de los individuos pero no hacen nada con el ambiente en el cual esas personas viven probablemente tendrán, como mucho, efectos modestos y temporales”, sostiene.

Por eso es vital difundir la cultura de la salud, para que cada vez sean más las personas conscientes de la importancia de cuidarse y de mejorar sus hábitos de vida. Únicamente así lograremos una sociedad más sana. En eso estamos.

Portada "La cocina de la salud"Aprender a disfrutar de la comida siguiendo a la vez una dieta sana puede parecer una proeza, por eso se agradece la lectura de libros como La cocina de la salud, escrito por el prestigioso cocinero Ferran Adrià y el cardiólogo Valentín Fuster, en colaboración con el periodista Josep Corbella. En él, descubrimos que comer de manera placentera y equilibrada no tiene por qué ser aburrido ni suponer grandes sacrificios.

La cocina de la salud reconstruye un día cualquiera en la vida de una familia, y nos muestra desde cómo hacer la compra en el supermercado hasta cuánto tiempo debemos dedicarle a las comidas. En el libro se incluyen trucos y recetas de cocina, aunque su principal objetivo no es ése; La cocina de la salud pretende enseñarnos que no hay por qué obsesionarse con las dietas, ni tampoco pretender hacerlo perfecto en cada comida. Lo importante es ser consciente de qué es lo que comemos, saber qué nos conviene y qué no, comer de todo evitando los excesos y, por último, hacer un poco de ejercicio físico. Justo la misma receta que intentamos cocinar para vosotros cada día en noscuidamos.



Ya sabemos que comer carne (sobre todo la procesada) en exceso es malo para nuestra salud, pero un nuevo estudio, esta vez en Reino Unido, ha venido a poner números a la cuestión. Según un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford, limitar el consumo de carne a no más de dos o tres veces a la semana podría evitar la muerte prematura de más de 45.000 británicos al año a causa de enfermedades del corazón, cáncer e infartos cerebrales.

Una especie opulenta...
El consumo de carne ha sido desde siempre un indicador del nivel de desarrollo y riqueza de una región. Es decir, a mayor PIB, más consumo de carne. Un buen ejemplo lo tenemos en China, donde el increíble crecimiento económico de los últimos años -y por tanto, el aumento de la clase media- ha provocado que si en 1985 el promedio de consumo de carne era de 20 kilos por persona y año, en el año 2000 se superaran los 50 kilos; cifra que subirá por encima de los 85 kilos en un par de décadas (fuente).

En España, sin ir más lejos, se ha vivido un proceso similar: a mediados de la década de los 60, el consumo de carne y derivados era de 77 gramos por persona y día. En 2003, la media se situaba en 185 gramos por español y día, más del doble (fuente).

Junto con el sedentarismo, este cambio en los hábitos de nutrición está dando lugar a las que ya se han bautizado como enfermedades de la opulencia (obesidad, diabetes, hipertensión, arterioesclerosis…), que están adquiriendo tintes epidémicos.

…que devora su propio hábitat
Pero el estudio de la Universidad de Oxford, encargado por Friends of Earth (Amigos de la Tierra), aporta más argumentos que los meramente sanitarios: limitando nuestro consumo de carne también estaremos contribuyendo a reducir los efectos del cambio climático. En la misma línea, WWF presentaba hace unos días su “Informe Planeta Vivo 2010”, donde se receta un menor consumo de carne para salvar el planeta.

El mensaje en esta ocasión es claro: no hace falta dejar de comer carne, pero sí reducir su consumo a 2-3 raciones a la semana. Nuestra salud, y la del planeta, lo agradecerá.

Enlaces: Estudio ‘Healthy Planet Eating’ de Friends of Earth (PDF) | ‘Informe Planeta Vivo 2010′ de WWF (PDF)

La BBC publicaba ayer una noticia que abre un interesante debate: ¿deben los médicos decirle a sus pacientes que están obesos, o directamente decirles que están gordos? La reflexión viene directamente de la ministra de sanidad británica, quien ha declarado que al ser llamado “gordo” por el médico, el paciente se verá más motivado para perder peso y cambiar sus hábitos.

En el debate abierto las posturas son claras: por un lado, tenemos a los que aseguran que no se puede estigmatizar a las personas con sobrepeso, ni utilizar un lenguaje ofensivo en la consulta. En el otro extremo, en el que también se encuentran médicos, están los que defienden llamar a las cosas por su nombre, aunque la sinceridad pueda ser a menudo tan dura como un puñetazo en la cara.

La obesidad es un grave problema para la salud, pero es también un problema social y económico. Los casos de obesidad en Europa se han triplicado en 20 años, alcanzando las proporciones de una auténtica epidemia. En España, uno de cada cuatro niños pesa más de lo recomendable, motivo por el cual el ministerio de Sanidad acaba de limitar la venta de alimentos calóricos en los colegios.

Teniendo en cuenta que el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios son la principal causa de la obesidad, tal vez sí sea necesaria una ración de sinceridad para que, como reclama la ministra británica, la gente tome conciencia de la necesidad de cuidarse.

Y vosotros, ¿qué opináis?

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