sonría, por favorEste fin de semana nos ha llamado la atención una nueva iniciativa del gobierno británico, que se ha propuesto empezar a medir el bienestar físico y mental de sus ciudadanos como un índice de prosperidad al margen de los clásicos indicadores económicos, medidos por el producto interior bruto (PIB). De hecho, la intención del primer ministro David Cameron es llevar este “índice de felicidad nacional” al centro de su acción política, hasta el punto de acabar guiando las decisiones del gobierno.

La idea no es nueva: otros países como Canadá, Bután o Francia han emprendido medidas parecidas. El gobierno de Sarkozy, por ejemplo, cuenta con la ayuda de dos premios Nobel de economía como Joseph Stiglitz y Amartya Sen para incluir la felicidad, el bienestar y el respeto al medio ambiente como nuevos indicadores de progreso en el país galo.

A nivel personal uno tiende a pensar que a mayor riqueza, más felicidad, aunque la ecuación no es tan sencilla ni se cumple siempre: tener dinero no garantiza una vida feliz, y a partir de cierto nivel de ingresos parece como si la felicidad se estancara. A nivel nacional la cosa se complica aún más -¿cómo se calcula la felicidad de todo un país?-, aunque ya contamos con algunos estudios que han intentado calcular este índice de felicidad en base a criterios como la esperanza de vida de sus ciudadanos, su bienestar y satisfacción personal, y la huella ecológica derivada de su estilo de vida. Los resultados son sorprendentes: Costa Rica, República Dominicana y Jamaica encabezan el ránking de felicidad planetaria, mientras que los países del “primer mundo” se sitúan en el tramo medio de la tabla.

Muy pronto veremos si Reino Unido, que el año pasado ocupaba el puesto 74 de 143 países de todo el mundo, mejora su posición.

Bonus track: una nueva aplicación para smartphones permite calcular nuestro nivel de felicidad. Curioso.