Foto: Chlamydia trachomatis bacteria (via The Guardian).

Agosto no se prodiga mucho en noticias, pero esta semana destacamos un par protagonizadas por letras y números que han dado, y darán, mucho que hablar. Por un lado, la OMS acaba de declarar el fin de la pandemia de H1N1, el famoso virus de la gripe A. De la histeria mediática que hubo al principio se ha pasado ahora a cuestionar el papel jugado por la OMS y gobiernos de medio mundo, que deberán tirar a la basura millones de vacunas contra la “temible” gripe.

Pero una vez librados del H1N1, ahora la alerta se centra en otro grupo de letras y números, NDM-1, en este caso el nombre de un gen responsable de que numerosas bacterias se estén volviendo resistentes a los antibióticos. Un artículo en la revista The Lancet Infectious Diseases advierte que este mecanismo de resistencia a los antibióticos está presente en países como China, India y Pakistán, desde donde ya se está propagando al resto del mundo. Los autores del artículo advierten que el NDM-1 tiene un gran potencial para convertirse en un problema sanitario global, ya que las bacterias con este gen se vuelven resistentes incluso a los carbapenemos, un tipo de antibiótico que se emplea como última opción de tratamiento, cuando el resto ha fracasado.

Ante este panorama, las noticias van desde la prudencia del New York Times, donde se advierte que ya se han descubierto otras “superbacterias” sin que la situación se haya  descontrolado, al punto alarmista del Guardian, donde directamente se habla del fin de la era de los antibióticos en apenas diez años. A partir de entonces, se asegura en el artículo, ya no serán posibles los trasplantes, las operaciones de apendicitis o tratar una simple enfermedad de transmisión sexual.

Tengan razón unos u otros, el dato a día de hoy es que el abuso en el consumo de antibióticos está restándoles eficacia. España, sin ir más lejos, es el segundo país europeo que más antibióticos consume.